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PICK DE LA SEMANA: MINDGAME, TODO UN VIAJE

Desde que empezó la cuarentena, me junté con varias personas para organizar un cineclub, cada semana vemos una película y después la discutimos por videollamada. Las películas las vamos sugiriendo y hacemos una votación. Mi amiga Vale, a quien le agradezco por ello y por brindarme información para realizar este ensayo, nos propuso verla. No estaba muy emocionado en un inicio, pero terminé encantado, aunque no tenía idea de lo que acababa de presenciar. Por un tiempo me debatí si escribir sobre ella en esta sección, ya no es un anime per se, pero al final decidí hacerlo porque es animación japonesa, al fin y al cabo.



“Mind Game” es un filme inspirado en el manga homónimo de Robin Nishi. Fue esta la ópera prima de Masaaki Yuasa, reconocido ya por “Tatami Galaxy”, “Devilman Crybaby” y por uno de los capítulos más surreales (y de los favoritos de muchos) de “Hora de Aventura”, titulado “Food Chain”. Yuasa se apropia de la adaptación y lo dota de gran personalidad, dándole su toque característico. Yuasa fue catapultado por el gran recibimiento del filme, siendo incluso elogiado por el mismísimo Satoshi Kon.


Nishi es un veintiañero con una vida que no le agrada bastante. Es un mangaka no muy exitoso que se la pasa hablando de todas las cosas que le gustaría hacer, pero que no hace. Una noche se reencuentra con Myon, su amor de la infancia y terminan yendo a cenar al restaurante familiar de ella. Ahí descubre que Myon está comprometida y luego de ponerse un poco al tanto, unos yakuza llegan al negocio a ajustar cuentas. Nishi, Myon y su hermana Yan intentan huir, lo que desencadena en una serie de sucesos muy surreales que los pondrán a prueba.



No quiero extenderme más hablando sobre la historia, porque considero que es una experiencia que tienen que vivir en carne propia y para nada se comparará con lo que pueda contarles en tres renglones. Este filme de poco más de hora y media nos transporta a mundos increíbles, a otras partes de nosotros mismos y de los personajes, pero es esto mismo lo que podría no encantarle a todas las personas, que pueden llegar a sentirlo algo pesado. A pesar de esto, yo les propondría darle una oportunidad.


En este proyecto hay algo poco visto en la industria: el mezclar muchos estilos de animación. Tenemos la tradicional, stop motion, rotoscopía (usar fotografías reales como base, calcando sobre ellas), animación 3D y hasta pinturas al óleo o dibujos en lápiz. Pero no sólo se trata de poner variedad y ya, lo increíble es que cada una de las técnicas se aprovechan de manera magistral, cada una tiene su razón de ser y sólo favorece la película, ampliando esta sensación de vivirla en muchas dimensiones, de ampliar el espectro de la mente.



Y es que “Mind Game” es algo que se tiene que sentir, no podemos limitarnos a verla, nos invita a ser más que espectadores pasivos, quiere que interactuemos con ella y que nos sumerjamos juntos en un viaje de sensaciones, emociones y pensamientos. Los personajes están muy bien trabajados, pero no hablo del guión únicamente. Me parece que el acierto más importante de Yuasa es que exprime todo el jugo que la animación ofrece, algo que pocas veces se hace. Al final, son cosas que no se pueden realizar en live action y él juega todas estas fichas a su favor. El desarrollo de personajes no se limita a sus arcos dramáticos y acciones, se nos construye también a través de los colores, de perspectivas y de secuencias animadas exquisitamente realizadas. Las que más disfruté y en las que se expresa muy bien todo lo que mencioné anteriormente, son la catarsis de Yan (mi personaje favorito) y otra que preferiría no spoilear.


Otro punto a destacar es lo mucho que se diferencia de lo que conocemos normalmente como anime. El anime y el manga llevan tantos años produciéndose que inevitablemente han desarrollado su propio estilo y lenguaje. “Mind Game” hace a un lado todo esto, trayéndonos perspectivas, ángulos y encuadres fuera de lo que estamos acostumbrados en una animación japonesa, muchos tomados de cine estadounidense. Los “movimientos de cámara” junto con otras aspectos como los planos contrapicados (viendo hacia arriba) crean un ambiente de inestabilidad que aportan mucho al desarrollo dramático. Sin embargo, el humor japonés sí que está presente.



Aquí los colores vibran, se sienten, se huelen, se escuchan. Es toda esta construcción el motivo por el cual disfruté mucho tanto la experiencia. Los personajes son muy reales, torpes como lo somos nosotros en la vida real y nos permiten empatizar muy fácil con todos ellos. Todos hemos estado en una posición similar, tener miedo, echarle la culpa a todos o a las circunstancias de vivir lo que vivimos.


Más de una vez me he sentido dentro de esa zona de confort que enfrentan nuestros protagonistas. Podrían estar mejor, sí, pero también podrían estar peor. A veces preferimos echarle la culpa a los demás de nuestras desgracias. ¿Qué es lo que nos mueve? ¿Nos quedaremos aquí para siempre o intentaremos luchar por lo que nos hace sentir vivos? “Mind Game” nos presenta todos estos dilemas existenciales, sin caer jamás en sentimentalismos o el típico optimismo absurdo que consumimos constantemente en las películas de nuestro vecino del norte. Acá se percibe como algo realista, no aspiracional.


Nos invita a ser nosotros mismos, a expresarnos y a disfrutarlo, sin tener miedo. Lo mejor del viaje es poder descubrirnos a nosotros mismos y siempre habrá personas que querrán estar ahí y crecer a nuestro lado.


La película tiene personalidad, tiene estilo. Ya hemos visto historias de este tipo, pero también se trata de cómo nos lo presentan, y esto es algo que “Mind Game” hace muy bien.



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