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PICK DE LA SEMANA: ANOHANA Y LA CULPA

He probado con distintas series a lo largo de estos casi dos meses que llevo escribiendo esta sección y debo admitir que sólo ha habido dos veces en las que renuncio a seguir viendo una o termino de ver la película y no me convence para escribir sobre ella. Con la de esta semana tuve un mal presentimiento en un inicio y me fue bastante complicado continuar, pero no me arrepiento ni un poco. Como dirían por ahí “valió cada maldito segundo”. Mi elección para esta ocasión va muy acorde con la semana pasada y los nombres infinitos, Ano Hi Mita Hana no Namae wo Boku-tachi wa Mada Shiranai” o “Anohana” para motivos más prácticos. Comencé a verla porque lo encontré en un post con recomendaciones de animes de pocos episodios y este estaba disponible en Netflix, pero he de confesar que después del tercer capítulo me plantée seriamente el dejar de verla. Al final, tras concluir “Aobuta” le dí una segunda oportunidad y me terminé el anime de una sentada. Si me enorgullezco de alguna decisión en mi vida, es de esta.




Por lo regular, los animes son adaptaciones, ya sea de un manga, una novela ligera o de un videojuego. Sin embargo, también hay un cupo para series totalmente originales, como podrían ser los casos de “Paranoia Agent”, “Neon Genesis Evangelion”, “Cowboy Bebop” (me encantaría poder escribir sobre ella en una sección futura) o de otras que he hablado anteriormente como “Angel Beats” o “Madoka Magica”. Y la mayoría de las veces el éxito de las mismas logra el desarrollo de sus versiones en los otros formatos que mencioné. Digamos que es un proceso totalmente al revés.



“Anohana” proviene de la exitosa guionista Mari Okada, a quien también he aludido semanas atrás. Originalmente se tenía la intención de que fuera un ecchi, pero por fortuna para la humanidad, se decidió darle un giro al concepto y abordarlo desde una perspectiva muy diferente. Dirigida por Tatsuyuki Nagai (“Toradora!”), la serie nos cuenta la historia de Jinta y sus amigos de la infancia, quienes se hacían llamar “Los protectores de la paz” y, que tras la muerte de su amiga Menma, se separan. Jinta decide dejar la escuela unos años después y comienza a ver al fantasma de Menma, quien le pide que le ayude a cumplir su último deseo para que pueda descansar en paz. Lo que lleva a todos a revivir el pasado que no han podido soltar.



Esta obra nos plantea a unos personajes muy sencillos, pero reales. Dada la poca cantidad de episodios con los que se contaba, no se nos permite profundizar por mucho tiempo con cada uno de los personajes, en especial con los secundarios, pero este en ningún momento representa una traba para el desarrollo dramático de la historia. El acierto más importante es la capacidad de mostrarnos lo justo y necesario para dejarnos llevar en una travesía de emociones. Menos es más.


Exploramos la relación que cada uno de los chicos tuvo con Menma durante la infancia y cómo ella representaba el centro de atención de donde fuera que se parara, siendo una niña con un gran carisma. Hecho que afecta de maneras distintas a cada uno de los miembros de Los protectores de la paz. Con el pasar de los episodios nos vamos dando cuenta de que las cosas no son tan sencillas como parecían en un inicio. Los arrepentimientos y la culpa los han consumido, se han estancado en su miseria. Algunos dejando todo a un lado, otros intentando tapar esas heridas, fingiendo que todo marcha bien.



La culpa es un sentimiento tan universal y tan común, que no cuesta ningún trabajo ponernos en los pies de cualquiera de ellos. Habrá con quienes nos identifiquemos más, pero no hay manera de que odiemos a ninguno de los personajes, aunque por momentos me daban ganas de golpear a Yukiatsu.


Todo podría parecer algo superficial en un inicio, pero en los últimos episodios también conocemos el lado oscuro de todos, nuestro egoísmo. Esto me atrapó totalmente. Que podamos enfrentarnos con lo egoístas que pueden ser nuestros propios pensamientos nos hace madurar como seres humanos. La pérdida suele dolernos más por NUESTROS arrepentimientos que por lo que pudo haber pensado o vivido la otra persona. Nos duele porque sentimos que pudimos haber hecho las cosas diferentes, que pudimos haber dicho cuánto queríamos a alguien o habernos disculpado, pero a veces es demasiado tarde y al final, los que nos quedamos somos nosotros.



Siempre he pensado que las ceremonias luctuosas de cualquier tipo se hacen más para los vivos que para los muertos. Ellos ya no están más, pero nosotros tenemos que convivir en un mundo sin esas personas y con pesos muy grandes en los hombros la mayoría de las veces, un peso que nos impide avanzar. Al final, cada uno de los protagonistas es víctima de sus propias decisiones y esto es inmensamente interesante y le brinda una profundidad increíble a “Anohana”.


Pero también los otros apartados lucen y cumplen, siendo el musical mi preferido. Tanto el opening como el ending son bellísimos. “Aoi Shiori” de Galileo Galilei es una introducción fantástica a cada uno de los episodios y el ending “Secret Base, Kimi ga Kureta Mono” es escrito especialmente para esta serie, interpretado por las tres seiyus protagonistas: Ai Kayano (Menma), Haruka Tomatsu (Anjo) y Hayama Saori (Tsurumi). Ambas cuentan con una animación y concepto visual preciosos. La mayoría de las veces me salto las canciones, pero con “”Anohana” me fue imposible. La banda sonora realizada por la escritora y compositora REMEDIOS también es asombrosa.



Todo lo visual también está hecho de manera increíble. La animación realizada por A-1 Pictures (Sword Art Online) es increíblemente detallada, fluída y hermosa, a pesar de tener ya casi diez años de haberse estrenado. El diseño de personajes de Masayoshi Tanaka es muy agradable a la vista, aunque es difícil no pensar en otro de sus trabajos, “Highschool of the Dead”.


En pocas palabras, “Anohana” es, para mí, toda una obra de arte. Maneja temas que pocas veces he visto en el anime y lo aborda de una manera muy inteligente, sacándole provecho a cada una de las interacciones y apariciones de los personajes, en especial a la familia de Menma. Tiene un mensaje poderoso y con el que es muy fácil empatizar. Puntos extra por la hermosa referencia a “Pokémon”.



Ano Hi Mita Hana no Namae wo Boku-tachi wa Mada Shiranai” se encuentra disponible en Netflix y Crunchyroll.

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